#ElPerúQueQueremos

Juan Luis y mi hígado

Publicado: 2010-05-30

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“Todo no es ajeno hasta que nos sucede”, dijo hace poco en un artículo reciente el psicoanalista Jacques Lacon. Yo recuerdo en los ochentas haber pachangueado hasta que el cuerpo decía basta con uno de los músicos más originales de aquella década: Juan Luis Guerra. Y recuerdo, quien no, quizás uno de sus temas más pegajosos, divertidos, bailables y lúdicos: “La bilirrubina”. En la letra el barbudo cantante dominicano atribuye al alza en el indicador de esta biomolécula a un amor no correspondido para luego invitar a la fiesta médica a la insulina, al suero y otros componentes que terminan de conceptualizar una canción inolvidable.

Tengo varios amigos diabéticos y no creo que les guste mucho la metáfora poco elaborada de “inyéctame tu amor como insulina”. Para ellos, la presencia, ausencia o exceso de dicha proteína es tan importante como la vida o la muerte.

Hace pocos días mi piel mutó de un saludable colorado rosáceo a uno amarillento. Los análisis de sangre confirmaron lo que los médicos sospechaban: mi hígado estaba siendo atacado virulentamente por, valga la redundancia, un virus. La bilirrubina se había disparado a 10, pero no como en la canción por un amor no correspondido sino por haber ingerido alimentos contaminados en cualquier lugar de Lima, como me explicaba mi doctor, en Lima, no hay 100% de alimentación salubre garantizada en algún lugar. Estuve en una Unidad de Cuidados Intensivos por unos días hasta que mi hígado mostró indicios de que empezaba a funcionar: mal, pero funcionaba; antes se había declarado en huelga.

En fin, esperando que no me trasplantaran un nuevo hígado tuve una nueva directriz clínica: tratar de dormir lo menos posible ya que podía entrar en un coma producto de una encefalopatía hepática. Eso me dio tiempo para pensar sobre variadas cosas. La canción juanluisguerriana me repicaba en forma permanente, pero ya no me hacía ninguna gracia. A mí se me había subido la bilirrubina pero por causas ajenas a mi voluntad y no porque “no me miras cuando te miro” y terminé concluyendo que la letra de la canción era, además de poco acertada y feliz, perjudicial, engañosa y pérfida. Uno no puede hacer lúdico de algo vital como la salud. Es como las canciones de los hermanos Yaipén: “ojalá que te mueras….lárgate…etcétera”. Letras que destruyen y no construyen.

Ahora militaré en forma activa para que cada vez que este señor venga a cantar al Perú no cante dicha canción en su concierto. Su letra es discriminatoria y mala. Ya me verán con mi cartelito de “no a la bilirrubina”.


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