DEL INCONVENIENTE DE LLAMARSE RODY
Uno no elige ni su nombre ni su apellido. Algunos son como un estigma maldito – los Kennedy o los Onassis –, otros esperan ser bendecidos (María, Jesús, Moisés) por la religión paterna. Algunos vienen con el pan bajo y el brazo, y otros, imagino a un pastor de un pueblo remoto en los andes, en la absoluta pobreza.
Roberto Bolaños, en uno de sus cuentos, inventa un personaje cuya madre es una actriz porno que filmaba películas con 8 meses de embarazo. Él cree tener recuerdos de la pareja actoral de su madre: el pajarito Gómez, antes de haber nacido. Su padre fue un cura alucinado que cae en una Medellín salvaje. Antes de que lo maten, la actriz y madre de Lalo lo rescata y conviven tres meses; de esa unión nacerá Lalo, Lalo Cura.
Hace poco me recomendaron una película mexicana: “Cinco días sin Nora”. No voy a detenerme en los detalles de la película, pero sí en uno de sus actores. Me gusta ver los créditos iniciales. Dicen mucho de un director y su película, su intención y estética, su creatividad e ingenio. Woody Allen SIEMPRE repite la misma tipografía, la EF Windsor y la música de jazz como cortina y telón de la danza de letras. Sí haces zapping de noche y te encuentras con un crédito que diga quién es el asistente cuarto de cámara inmediatamente sabes que es Woody. Una marca autoral o una pereza mayúscula.
Con la película de Nora me ocurrió una epifanía: el descubrimiento del actor mexicano Roberto Cachero (link de su ficha en IMDB ). Imagino al actor naciendo en Lima y llevar con orgullo y la frente bien alta su apellido. También, imagino a un compañero del colegio de primer grado diciéndolo a su madre que va a invitar a Roberto a tomar el lonche. ¿Qué Roberto hijito? Roberto Cachero, pues mamá. Cachetadón al hijo e investigación inmediata en el colegio para rastrear la arqueología de la broma de mal gusto. Pero en el colegio le dice que sí, que en efecto, que Bobby se apellida así, señora, es lo que dice su partida de nacimiento.
O Bobby, ya adolescente, conoce a una chica en una discoteca de Larcomar y recibe una bofetada en la cara (y ya van cientos) cuando le dice a la chica, quien ya se va, se fue, que te juro por lo que más quieras con el DNI en la mano que ese es mi apellido.
A los 18 años Bobby parte Madrid a iniciar una nueva vida. Allá nadie se burla de su apellido.
A los 35 deja de ser gay para ser un TS. Ahora es Monique Detoit y trabaja en la industria para adultos.
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