COCINA PERUANA NO ESTÁ EN TOP 20
Federer no necesita que le digan que el mejor tenista. Tampoco le sucede a Tiger Woods en el golf o Lionel Messi en el fútbol. Sus resultados están ahí, a la vista de todos para que no queden dudas que esto es así. Pero ellos compiten en torneos especialmente organizados para que exista un triunfador. Es lamentable pero Perú no tiene campeones en ninguna disciplina relevante. Algunos dirán que Kina es nuestra campeona del mundo. Perú no gana una medalla de oro en una olimpiada hace décadas de décadas y ve por tele como los cinco países sudamericanos pasaron de ronda por primera vez en la historia de las copas mundiales de fútbol. Allí donde hay estadísticas, jueces y disciplina no figuramos. Y esto en un hecho objetivo alejado del sentimentalismo y el chauvinismo absurdo.
Existe una competencia gastronómica que es considerada las Olimpiadas de la cocina: el Bocuse d’Or, en donde el reconocido Ferrá Adria ha participado como jurado en algunos de sus eventos. Perú nunca participo por el primer premio de 20,000 euros. Una serie de calificaciones preliminares permiten competir en la gran final de 20 países. Habrá que preguntarle a Gastón qué pasa que no participamos.
Pero hasta que eso suceda los diarios publican o copian avisos de otros diarios del mundo en donde la cocina peruana invade las grandes capitales de mundo a punta de talento, inventiva, creatividad, fusión y, cómo no, dinero, mucho dinero. Necesitamos que los demás nos digan lo rica que es nuestra comida para asegurarnos que es así en un comportamiento infantil y que la psicología no dudaría en llamar de “baja autoestima”. El comportamiento típico de sujetos – en este caso sociedades – es la sobre generalización y el razonamiento emocional y la necesidad de ser aceptados por los demás. Imaginemos si los chinos publican en los diarios cada vez que se abre un chifa.
La comida, como fenómeno cultural, está sujeto a una costumbre y restringida a ingredientes. En Francia, por ejemplo, la elite prefiere la comida japonesa mientras en Japón las clases más altas se diferencian prefiriendo la cocina francesa, pero la búsqueda de distinción es similar. Enhorabuena si se abren restaurantes en todo el planeta. Eso genera trabajo y riqueza para el país, pero no salgamos a festejarlo como si hubiéramos metido un gol. Para eso falta el Bocouse d’Or.